El nombre de la estación es directo y local: **Somosaguas Sur** designa la parte meridional de Somosaguas, en Pozuelo de Alarcón. El Consorcio Regional de Transportes sitúa la estación en la calle Veritas, 1, en Pozuelo, y Metro Ligero Oeste identifica la ML2 como la línea entre Colonia Jardín y Estación de Aravaca, inaugurada dentro del sistema de metro ligero del oeste en julio de 2007.
Detrás del nombre residencial moderno hay un topónimo madrileño más antiguo. Las historias de Pozuelo describen San Juan de Somosaguas como uno de los primeros caseríos o lugares vinculados a Pozuelo y Húmera. Una versión de la tradición de las Relaciones Topográficas del siglo XVI recoge la forma **San Juan de Sumas Aguas** y la explica por las muchas y buenas aguas que había en aquel sitio.
La lectura lingüística de la redacción actual, **somo + aguas**, es plausible, pero conviene expresarla con cautela. La RAE recoge **somo** como voz castellana antigua procedente del latín *summum*, con el sentido de cima o punto más alto de los montes. Toponomasticon Hispaniae no ofrece, en lo localizado, una entrada propia para Somosaguas, pero sí incluye Somosaguas entre los topónimos relacionados al estudiar Somosierra, cuyo primer elemento se vincula con la elevación.
El agua no es aquí solo un juego de palabras. La historia municipal de Pozuelo insiste en la presencia de pozos y manantiales, y la historiografía local menciona una desaparecida Fuente de Somosaguas con agua ferruginosa y algo cobriza. Esa tradición posterior de manantiales encaja con la explicación antigua de “muchas aguas”, aunque por sí sola no demuestra la etimología medieval.
La interpretación mejor apoyada es, por tanto, estratificada: la estación toma el nombre de la actual zona de Somosaguas Sur; Somosaguas conserva un topónimo antiguo ligado a las aguas y probablemente a un terreno elevado. También está documentado el relato del despoblamiento medieval: la historia oficial de Pozuelo dice que San Juan de Somosaguas y San Pedro de Meaque se despoblaron durante el conflicto fratricida entre Pedro I y Enrique II, aunque la tradición del siglo XVI lo transmite como memoria local heredada y no como conclusión arqueológica moderna.