La estación La Ballena se entiende mejor como una parada con nombre de lugar: da servicio al borde norte de Parla, en torno a la calle Real, junto al Parque de la Ballena y al entorno conocido localmente como La Ballena. El nombre de la estación no alude a un cetáceo real, sino a un hito urbano cuyo nombre ya formaba parte del vocabulario de la ciudad.
Detrás de ese hito está una de las leyendas más conocidas de Parla. La ruta urbana del Ayuntamiento de Parla cuenta que muchos arrieros que viajaban de Toledo a Madrid hacían noche junto a la antigua laguna. Uno de ellos arrojó al agua una albarda rota; a la mañana siguiente, otros la vieron flotando, le tiraron piedras y, al hundirse lentamente, creyeron que aquello respiraba como una ballena.
El relato municipal añade el episodio de Getafe: la historia se contó allí y muchos mozos getafenses acudieron a cazar la supuesta ballena. Ese detalle es importante porque la narración no funciona solo como explicación de un topónimo, sino también como una pieza de cultura oral y de rivalidad jocosa entre localidades cercanas.
La Parla moderna convirtió la leyenda en paisaje. El Parque de la Ballena fue proyectado en 2000 en la entrada norte de la ciudad, con una gran cola de ballena que emerge de la topografía del parque como si saliera de una ola. El catálogo Escultura y Arte describe la ballena como uno de los símbolos del municipio y sitúa la escultura en la calle Real, en el Parque de la Ballena.
La confianza es alta para la etimología general: fuentes oficiales y especializadas conectan directamente el parque y el símbolo con la leyenda de la Laguna de Parla. El punto más débil es administrativo: no se ha localizado un acuerdo formal de denominación de la estación que demuestre si la parada tomó el nombre específicamente del parque, del barrio o zona de La Ballena, o de ambos. Como la parada está junto al parque homónimo y figura en los horarios de Tranvia de Parla con este nombre, el origen práctico queda bien respaldado.